Jenny González Arenas
Jenny González Arenas

En estos momentos en los que la modernidad nos alcanzó, es pertinente, pero sobre todo necesario, reflexionar sobre la necesidad y compromiso con la formación de nuevos abogados, que tengan un perfil acorde a las necesidades sociales y que corresponda a las demandas, tanto laborales como profesionales, que se enfrentan en el mercado local, nacional e internacional. La Unidad Académica de derecho no puede ser ajena a la problemática que se enfrenta en otras latitudes, no podemos seguir cerrando los ojos a realidades que nos han alcanzado, mucho menos podemos seguir dejando que el tiempo pase esperando que, lo que ahora nos rodea, sea simplemente una moda pasajera y que terminemos por regresar a donde estaba. No, los derechos humanos no son una moda, los juicios orales no volverán a ser escritos, la administración pública seguirá transformándose, los tratados multilaterales seguirán evolucionando, la participación ciudadana no tiene vuelta atrás, por lo que se hace necesario adaptarnos a esta nueva realidad. Muchos pueden decir que la licenciatura sienta las bases para un buen profesionista, que no se debe enseñar todo, que sería imposible, pero si podemos hacer que las bases se vuelvan más sólidas, más firmes, más completas y, por lo tanto, más fuertes. Se trata de sentar bases sólidas para una nueva generación de abogados que le hagan frente a la globalidad, que sepan lo mismo lo tradicional que lo moderno, que afronten los retos que les depara el presente, porque el futuro está a la vuelta de la esquina, ya no podemos seguir posponiendo lo que es una necesidad apremiante. La actualización de los programas de estudio, la implementación de técnicas de enseñanza aprendizaje que motiven al estudiante a leer, a ser crítico, pensante, analítico, que desarrollo habilidades y destrezas de litigo, argumentación, derecho comparado, burocrático, minero, procesal constitucional, derechos humanos, municipal, la transparencia, tantas ramas del derecho tan importantes y tan necesarias, hasta ortografía, redacción y oralidad, tan importantes para la vida profesional de un abogado. Ninguna materia sobra, pero muchas hacen falta y son tan necesarias para sentar las bases de un abogado completo, con cimientos sólidos y la capacidad de enfrentar los retos que ahora enfrenta el abogado. Qué necesario es hacer consciente a la juventud de lo importante que es el trabajo en el aula, pero que es igual de importante lo extra curricular, las visitas, los recorridos, las conferencias, los seminarios, talleres, diplomados, todo lo que abone a su crecimiento académico, lo que contribuya a su formación jurídica , lo que le ayude a decidir el área de especialización profesional, porque no se puede ser abogado todólogo, el alumno debe escuchar otras voces, otras posturas más allá de lo que el docente le dice en el salón de clases, eso también es importante. La Universidad pública tiene un gran compromiso con la sociedad que le confía a su juventud, también con la juventud que se encuentra en las aulas, porque por ellos y para ellos es esta y todas las universidades públicas que tienen la obligación moral y legal de actualizarse para formar mejores profesionistas, pero también una mejor sociedad, porque al ofrecer una mejor educación superior no solo estamos abonando a la construcción de mejores profesionistas, también de una mejor sociedad. Si apoyamos a la juventud con mejores bases mejoramos, en automático, todos como sociedad, eso es un principio que no podemos olvidar. La responsabilidad es grande, el reto es mayor, el compromiso debe corresponder a ese reto y a esa responsabilidad. La política tiene que dejar de ser la piedra angular, debemos dejar de lado nuestras diferencias personales y la consolidación de cotos de poder para dar paso a la vida académica, a la investigación, a la difusión del conocimiento jurídico.


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