Alberto Chiu
Alberto Chiu

Las cifras estadísticas que nos muestran cómo son muchísimos los niños, niñas y adolescentes que desertan de la escuela, cuántas jovencitas se embarazan a muy temprana edad, o cuántos pequeños se drogan desde los 9 o 10 años, son más que razón suficiente para que, en Zacatecas, comience ahora a implementarse la llamada “Estrategia Atajos”, que precisamente pretende prevenir todas esas circunstancias.

La verdad es que cada vez más regularmente nos venimos enterando de cómo la edad de inicio en el consumo de drogas va disminuyendo, y es alarmante que niños de entre los 9 y 10 años ya consuman algún estupefaciente, poniendo en riesgo no sólo su propia vida, sino la de todos aquellos con los que conviven, principalmente sus compañeritos de escuela, de colonia, de barrio.

El número de jovencitas adolescentes embarazadas, muchas de las cuales llevan embarazos de riesgo –por la edad, por el descuido, por ignorancia– es también alto, al igual que el de pequeños que dejan los estudios orillados ya sea por las malas condiciones económicas en que viven sus familias y que los obligan a “trabajar”, o por la violencia que sufren en las propias instituciones educativas por motivos de discriminación o bullying.

Qué bueno que venga esta propuesta de esfuerzo interinstitucional, y que no dejen la atención de este sector poblacional, quizá el más importante de todos, tan sólo en manos por ejemplo del Sistema DIF, sino que se enfoquen los esfuerzos de todos los niveles gubernamentales a ello, y por supuesto ojalá también se convoque y se genere la participación oportuna y adecuada –y por demás obligada– de los padres de familia.

Y es que no es muy difícil darse cuenta de que en realidad muchas de las circunstancias de las que nos enteramos en las que se ven involucrados menores de edad, son consecuencia directa y natural de lo que pasa en casa. Tanto la drogadicción como el alcoholismo, o como las prácticas sexuales a temprana edad, o la altísima exposición de los menores a contenidos perniciosos en las redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube, Instagram, Snapchat o muchas más, son responsabilidad primaria de la formación que reciben los menores en la familia.

Por ello no es tampoco difícil darse cuenta de que, ante la evidentísima descomposición social que aqueja a nuestras familias, muchos de los menores que ahora experimentan esa clase de “problemas” deben sus problemática a la violencia intrafamiliar, o a la desidia que se hace de su educación, o al abandono por cuestiones laborales, etcétera.

Así que lo que sigue es, en conjunto, hacer equipo entre sociedad y gobierno para empezar a atender más y mejor a los más vulnerables: los menores de edad, tanto en los ambientes escolares como en las casas, así como en las calles y colonias, y exige cada vez más de todos los que estamos cerca de ellos, tanto para servir de guías como para fungir como protectores primarios de su salud mental y emocional, que es donde se gestan las adicciones y malos hábitos futuros.

Es obligada pues la participación de los papás, de los profesores, de los entrenadores deportivos, de los dirigentes de organizaciones juveniles, de todos en general, pensando primero en los niños, niñas y adolescentes como materia prima de la sociedad que queremos tener mañana, como arcilla moldeable que, si no se cuida, puede acabar convirtiéndose en un peligro o en un riesgo social, cuando tuvimos la oportunidad de formarlos como baluartes de los valores y virtudes que queremos para ellos y para nosotros.

Ojalá, como siempre, el lanzamiento de la estrategia no sea sólo de relumbrón, o como pretexto para presumir en un informe de gobierno. Ojalá detrás de su lanzamiento vengan las acciones concretas que ayuden a definir las personalidades de nuestros jóvenes de acuerdo con lo que verdaderamente vale: la honestidad, la justicia, el amor.


Los comentarios están cerrados.