Alberto Chiu
Alberto Chiu

La inauguración de la magna exposición del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, llevada a cabo ayer en Zacatecas, fue un evento por demás espectacular no sólo por la presencia en sí de las fuerzas armadas, sino porque de entrada esta clase de acercamiento con la sociedad en general se dio en un ambiente de suma cordialidad, apertura y dedicación que los asistentes pudieron percibir.

No es de extrañar que el instituto armado siga estando entre los mejores niveles de confianza de parte de la sociedad mexicana, tal como lo demuestran las mediciones que señalan que en los últimos 15 años la confianza de la sociedad en sus soldados y marinos está entre el 52 y el 75 por ciento. Y la exposición inaugurada ayer, lo demuestra.

No se trata de una especie de espectáculo circense, como aquél al que uno acude para entretenerse y pasar un buen rato. En este caso tiene mucho más de fondo y me parece un acierto haber traído la muestra justo ahora, cuando Zacatecas vive un momento de grave violencia debido –como se ha repetido hasta el cansancio, pero si hacer mucho por solucionarlo– a la pugna entre cárteles de la delincuencia organizada por controlar el territorio estatal, ya sea para la producción o el trasiego de drogas.

Porque mientras crece la desconfianza social en las corporaciones policiacas, sobre todo cuando saltan a la luz pública eventos como el vergonzoso caso de los policías de Trancoso, acusados de estar implicados en secuestros, la gente necesita (le urge) sostenerse a alguna boya que lo mantenga a flote y con la esperanza de que esta sociedad puede recuperar la paz y tranquilidad que hace mucho tiempo perdió. Y creo que esa boya pueden ser perfectamente las fuerzas armadas.

Muy por encima de los también muy ventilados casos de presuntas violaciones a los derechos humanos cometidas por miembros del Ejército o la Armada, las instituciones se sostienen gracias a los valores que profesan y defienden, como la lealtad, el valor, la disciplina, etcétera. Y creo que esa clase de vivencia de valores es la que necesita (también urgentemente) la sociedad para salir de este círculo vicioso en que nos encontramos de corrupción-impunidad, que se refleja constantemente en la administración pública, en los gobiernos.

Tal vez una cosa sean las instituciones y otra los individuos, pero para el panorama actual y nuestra realidad, estoy cierto de que los individuos necesitamos instituciones fuertes (muchos podrán citar, por ejemplo, a las iglesias, o incluso otros a los partidos políticos) que mantengan el orden de las cosas y el respeto a las leyes. Pero esas instituciones deben contar con individuos que también profesen, vivan y defiendan esos mismos valores, o por el contrario los individuos corruptos se convierten en células cancerosas para el sistema vital institucional. Y deben ser extirpados, como los tumores.

Pero lo más importante es que esos individuos que no se someten a la corrupción, vivan dentro de la ley y promuevan también los mejores valores sociales con una gran dosis de pasión. Sí, la pasión por servir a México que manifiestan los militares debería ser también la pasión de cualquiera de nosotros en la función que cada quien desempeña, ya sea como servidores o funcionarios públicos, o como empleados de algún negocio, o como emprendedores en los nuevos proyectos, o como estudiantes universitarios, etcétera. Pasión sobre todo por servir. Servirle a la propia familia, a uno mismo, a la Patria, a Dios, si usted quiere, pero servir. Y no servirse, como sucede.

Lo invito, amable lector, a que aproveche la oportunidad y visite la exposición “Fuerzas Armadas… Pasión por servir a México”, desde ayer y hasta el 25 de Marzo, en la Unidad Deportiva Benito Juárez, de la capital. Viva y sienta el ambiente que muchos mexicanos comprometidos tienen desde el servicio de las armas. Quizás pueda darnos una idea de cómo vivir en sociedad, o por lo menos nos ayude a entenderlo mejor.


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