Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“La inmoralidad es la moralidad de la gente que se está divirtiendo más.”

H.L. Mencken

 

Las leyes son obligatorias. Por naturaleza violan o restringen las libertades individuales. Por eso deben crearse con precaución y aplicarse sólo en aquellos casos estrictos en los que la falta puede provocar daños a terceros. La moral es muy distinta. Las decisiones éticas solamente afectan a quien las toma y no pueden ni deben ser obligatorias. No es papel del Estado normar las decisiones morales, las cuales deben ser personales. “La moral… pertenece siempre al reino de la libertad, no al del control”, escribió el filósofo español Fernando Savater en El arte de vivir. Andrés Manuel López Obrador tiene otra idea. En el acto del 19 de febrero en el que tomo protesta como candidato presidencial de Encuentro Social, un partido religioso de derecha, llamó a “la elaboración de una constitución moral” en la que participarían filósofos, psicólogos, sociólogos, antropólogos, ancianos venerables de las comunidades indígenas y otros más. El propósito, afirmó, no es sólo combatir la corrupción, “sino establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en el hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad”. “Si la regeneración moral no se pone en el centro de la discusión y del debate no iremos al fondo del problema”, declaró. “Quienes piensan que este tema no corresponde a la política, olvidan que la meta última de la política es lograr hacer el amor y el bien, porque en ello radica la verdadera felicidad. Jesús manifestó con sus palabras y sus obras su preferencia por los pobres y los niños, y para muchos ‘Cristo es amor’.” Esta filosofía recuerda la que llevó a Nicolás Maduro a crear el Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo en Venezuela. La fe religiosa de López Obrador no es novedad. En un principio la mantuvo bajo sigilo, para no enajenar a sus seguidores de izquierda, pero en los últimos años la ha reconocido públicamente. Al mismo tiempo; sin embargo, ha defendido a personajes como Fidel Castro y el Che Guevara que combatieron la religión en Cuba. Yo no tengo problema con las convicciones de Andrés Manuel. Todo el mundo tiene derecho a sus ideas religiosas y morales. Nadie puede imponer sus convicciones morales a los demás. La separación del Estado y la religión no ha sido fácil en el mundo. Hasta la fecha muchos países musulmanes mantienen restricciones morales al aplicar la sharia, la ley islámica, a la sociedad. Esto lleva a disposiciones como la prohibición del consumo del alcohol o la limitación de los derechos de las mujeres. En México el régimen liberal de Benito Juárez, que tanto dice admirar López Obrador, separó la Iglesia Católica del Estado, lo que significó apartar la ley de la moral. Juárez en lo personal era católico, pero no dejó que sus convicciones influyeran sobre su trabajo político. López Obrador es un político conservador, por lo menos en lo moral. Por eso se ha negado a pronunciarse sobre temas como el aborto o el matrimonio entre homosexuales. Nadie puede cuestionar sus convicciones, siempre y cuando se mantengan en el campo personal, pero el problema surge cuando quiere promulgar una constitución moral que presumiblemente impondrá sus convicciones al resto de la sociedad. Es importante que no permitamos a ningún político establecer un monopolio ético. La moral sólo es moral cuando es libre. López Obrador tiene derecho a sus convicciones conservadoras. Los demás también tenemos derecho a las nuestras.

 

El predicador

Ayer falleció Billy Graham, el influyente predicador evangelista estadounidense que se dio a conocer por sus ataques al comunismo. Los intentos de los evangelistas por imponer sus convicciones a la sociedad confirman por qué la moral no debe nunca legislarse.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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