JOSÉ LUIS SAUCEDO CARDEÑA*
JOSÉ LUIS SAUCEDO CARDEÑA*

¿Qué es un eclipse?
Un eclipse es el ocultamiento total o parcial de un cuerpo astronómico por otro. De este modo puede haber eclipses solares (el Sol ocultado por la Luna), lunares (la Luna ocultada por la Tierra) y estelares (una estrella ocultada por la Luna, el Sol, un planeta, un asteroide u otra estrella).

¿Qué diferencia hay entre un eclipse lunar y un eclipse solar?
En un eclipse solar la Luna se encuentra situada entre el Sol y la Tierra, de manera que evita que los rayos del Sol lleguen a nosotros, provocando que el cielo se obscurezca en función del porcentaje de ocultamiento. Un eclipse solar puede ser total, parcial o anular. En el primero la Luna cubre completamente el disco solar, y el cielo se obscurece completamente, como si fuera de noche. En un eclipse parcial el Sol no es ocultado completamente por la Luna, por lo que la obscuridad no es total, incluso puede ser que no se note un cambio en la luminosidad del cielo. Por último, en un eclipse anular la Luna sí pasa por el centro del disco solar, pero ésta se encuentra muy retirada en su órbita, lo que provoca que la veamos más pequeña que el Sol. Una manera sencilla de entender esto es ver una lámpara con un ojo, cerrando el otro, y usar nuestro pulgar para tapar la lámpara. Si acercamos y alejamos nuestro dedo, nos podremos dar cuenta de que hay una distancia en que nos es posible ver el borde de la lámpara, mientras que si está cerca, nuestro dedo la puede ocultar completamente.
En un eclipse de Luna la Tierra es quien la oculta del Sol. A diferencia del solar, nos es posible seguir viéndola, pero ¿por qué? La respuesta es nuestra atmósfera. Los rayos del Sol que atraviesan nuestra atmósfera son dispersados y absorbidos, pero qué tanto depende del color. Los rayos violetas y azules son mucho más afectados que los amarillos, naranjas y rojos. Ésta es la razón de que nuestro cielo sea azul, mientras que el Sol se ve amarillo. Obviamente, mientras más atmósfera atraviese un rayo, más se dispersa y absorbe. Por esta razón, a mediodía el Sol se ve prácticamente blanco, en la mañana o tarde amarillo y en el amanecer o anochecer rojo, pues al ir cambiando su posición aparente atraviesa más o menos la atmósfera su luz. Así, en un eclipse lunar, la Luna se encuentra dentro de la sombra de la Tierra, y no debería verse, pero los rayos del Sol que atraviesan la atmósfera en el borde del día y la noche son dispersados hacia el espacio, iluminando de manera indirecta a la Luna, pero sólo los rojos llegan, pues los azules prácticamente desaparecieron en la atmósfera, dando ese tono característico del eclipse lunar.

¿Qué otras cosas se pueden observar durante un eclipse?

Durante un eclipse un cuerpo se interpone frente a otro, evitando que los rayos de luz que provienen del cuerpo ocultado nos alcancen. No es diferente de cuando ponemos una mano frente al Sol o una lámpara para evitar deslumbrarnos. La cantidad de luz que nos alcanza es menor. Desde el punto de vista científico es muy importante, pues es posible detectar estructuras que no serían visibles de otro modo, por ejemplo, la corona solar es una estructura que se extiende más allá de la superficie del Sol, pero el brillo de ésta última es tan grande que no permite ver la primera sin un eclipse. Del mismo modo, al pasar un asteroide frente a una estrella, y sabiendo qué tan lejos está, y qué tan rápido se mueve, es posible, midiendo la duración del eclipse estelar, determinar el tamaño del asteroide. En el caso de un planeta, al ver cómo disminuye gradualmente la luz de la estrella, es posible determinar el tamaño de la atmósfera del primero.
Otro de los grandes logros observacionales durante un eclipse fue la comprobación de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. Él había predicho que la luz podía desviar su camino al acercarse a un cuerpo muy masivo. Puesto que durante un eclipse solar total es posible ver las estrellas cercanas al Sol, se observó cómo una estrella, al ir cambiando de posición el Sol en el cielo, se empezó a deformar, para luego separarse en dos estrellas iguales en lados opuestos del disco solar. No es que la estrella se haya separado físicamente, sino que su luz, proveniente de direcciones diferentes, fue desviada por la masa del Sol hacia la Tierra, provocando precisamente el efecto de una estrella doble.

¿Es dañino un eclipse?
Sí y no.
En un eclipse solar se disminuye la cantidad de luz, pero aun así ésta sigue siendo muy intensa. Del mismo modo no cambia el tipo de luz. Esto significa que sigue existiendo radiación ultravioleta. Observar el Sol, con eclipse o sin él, tiene como consecuencia un daño permanente por quemadura en la retina, lo que provocará pérdida de visión. Bajo ninguna circunstancia debe observarse el Sol sin uso del filtro adecuado, no deben usarse cristales ahumados o radiografías. Los únicos medios seguros son los filtros de mylar (conseguibles a través de las casas de instrumentos astronómicos), o los filtros de soldador exclusivamente del número 14 o mayor.
Un eclipse lunar no es dañino a nuestra visión, pues la luz que vemos de la Luna es reflejada, y filtrada por la atmósfera, así que es tan inofensivo como ver la Luna llena en cualquier otra fecha del año.
Existe la creencia popular de que un eclipse puede hacer daño a una mujer embarazada, lo cual no tiene ningún fundamento. Existen cuatro formas de interacción entre la materia: la fuerza nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza electromagnética y la fuerza gravitacional. Las dos primeras son de tan corto alcance que dejan de existir fuera de las escalas de un átomo. La tercera es relevante sólo si existe una gran carga eléctrica entre los cuerpos, y la distancia es pequeña. Puesto que prácticamente todos nuestros átomos son neutros, y los de la Luna también, y la distancia de separación es enorme, los efectos de interacción electromagnética son inexistentes, tenemos muchísima más influencia de un cepillo al frotarnos el pelo. La fuerza gravitacional entre la Luna y nosotros sí es significativa, pues ésta depende de las masas, y la de la Luna no es nada despreciable, sin embargo, la fuerza de gravedad también se debilita con la distancia, así que la interacción de un objeto cercano como un auto o una casa es más fuerte que la que podría ejercer la Luna, aún con toda su masa, y además siempre está ahí. Toda nuestra vida hemos sentido su interacción, incluso desde el vientre materno. Luego, la Luna sigue prácticamente la misma órbita cada mes, así que no hay diferencia apreciable entre la posición de la Luna durante un eclipse y la que hay entre la Luna llena o la Luna nueva. Por último, no hay radiación “especial”. Como se mencionó anteriormente, la luz que llega a la Tierra del Sol o la Luna es la misma que si no hubiera eclipse, sólo que en menor cantidad. Pensar que la luz de un eclipse daña es como suponer que el Sol es más nocivo si nos ponemos un sombrero.

*Jefe del Observatorio Astronómico. Unidad Académica de Física, UAZ


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