Alberto Chiu
Alberto Chiu

A riesgo de que me digan que desconozco del área, o que no tengo la información suficiente, o que simplemente ya parece uno quejarse de todo, lo digo: la presentación que ayer se hizo de un tal “Programa Estatal de Turismo 2018-2021” me parece la más reciente reedición de la invención del hilo negro, o del agua tibia. Y que además de haber esbozado una larga lista de lugares comunes que se han repetido durante décadas (sí, décadas), no veo por dónde se delinee una política pública de largo aliento para fomentar verdaderamente una actividad que históricamente se ha supuesto como vocación toral de Zacatecas.

Además de saberse desde hace muchos años que nuestro estado cuenta con un montón de bellezas y riquezas naturales, y que la infraestructura y conectividad (aérea, carretera) no es la mejor a pesar de estar en la ruta central de México, y que la actividad turística se concentra en el corredor metropolitano, me pregunto por qué tuvo que contratarse a una empresa consultora externa para conocer, mediante un análisis de fortalezas y debilidades, lo que aquí se ha repetido innumerables veces, en voces de gobiernos diversos.

Mucho de lo que vinieron a presentarnos, lo han detectado en análisis locales diversos especialistas de la Universidad Autónoma de Zacatecas, por ejemplo; o lo han delineado perfectamente como problema quienes están metidos en la industria turística; o lo han gritado a los cuatro vientos cientos y cientos de turistas que no encuentran actividades para permanecer aquí más de dos noches…

E incluso detectaron la “falta de planeación del gobierno” en este ramo de la llamada industria sin chimeneas, algo que también se ha señalado una y otra vez no sólo en cuanto al turismo, sino en todas las áreas gubernamentales. Vamos, pues, que un consultor externo vino a decirnos lo que ya se sabe y lo que se desea hacer.

Es también cierto que hay turistas que se han quejado por la falta de calidad en el servicio de los prestadores y operadores locales; ¿sabemos por ejemplo cuántos empleados de prestadores de servicios turísticos dominan al menos una segunda lengua como el inglés, para dar una mejor atención a quienes nos visitan del extranjero? ¿O cuántos servidores públicos como los elementos de policía o de seguridad vial (tránsito) pueden dar indicaciones en otro idioma? O mejor aún, ¿cuántos de nosotros somos capaces de ayudar a un turista (hablando en español) a llegar a tal o cual museo, restaurante, sitio turístico, porque conocemos nuestra ciudad, nuestra historia, nuestras tradiciones o fiestas populares?

Y me llama la atención que, habiendo apuntado como deficiencia la falta de planeación, se presente un plan de desarrollo de tres años, cuando se pudo haber llevado a cabo un programa de largo aliento –como han hecho muchas otras ciudades o entidades completas– pensando en los próximos 10, 15 o hasta 20 años. Planeación estratégica, pues, que le diera si no la certeza sí al menos la expectativa a los prestadores y operadores de servicios de que “algo” se está haciendo en su industria local, con una visión y una meta concreta.

Por ahora, parece que lo único concreto es la idea de que “hay que promocionar a Zacatecas como destino turístico”… y esa meta no es nada diferente de la meta que han lanzado, al menos en los discursos, los gobiernos estatales desde el más destacable impulso que se dio al turismo en el sexenio de Genaro Borrego Estrada, y desde entonces ya llovió bastante.

No me queda duda que una buena parte de la responsabilidad en cuanto a una verdadera planeación estratégica para el desrrollo de la industria turística recaería, por ejemplo, en la educación integral de la sociedad. Desde quienes cursan la educación básica, hasta la capacitación especial de quienes ya laboran en hoteles, restaurantes, centros comerciales, centros nocturnos, etcétera, y hasta la preparación informal de la sociedad en su conjunto para, por ejemplo, comprometerse al cuidado y preservación del patrimonio, ése que queremos mostrarle a quienes nos visitan. Ojalá pronto presenten las políticas públicas que acompañen ese programa de turismo. Y de paso nos digan cuánto gastaron en comprar el agua tibia.

 


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