SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“La opinión popular es falseada y la percepción de la popularidad de un punto de vista es típicamente orquestada y manipulada por legiones de troles pagados.”

Suzy Kassem

 

En las últimas semanas mi cuenta de Twitter ha registrado un incremento muy significativo en el número de seguidores. Este 29 de noviembre por la noche, por ejemplo, aparecían en mi cuenta 216 nuevos seguidores para llevar el total a 318 mil.

Algunos eran, al parecer, personas reales. El Memenauta @Elmemenautota tenía 5,556 tweets y 2,128 seguidores. Diego @pazarela registraba 5,451 tweets y 253 seguidores. Pero otros eran diferentes, en parte porque no tenían ilustración del rostro o cuando menos un avatar. Las cuentas presentaban sólo un huevo como identificación visual. Pero ahí no paraban las coincidencias. Mariana Vera @Mariana68119440, por ejemplo, tenía un solo tweet y ningún seguidor. Marcelo @marcelo65955757 registraba un tweet y un seguidor. Roberto @RobertoAbcd1234 no tenía ningún tweet y tampoco seguidores. Así, cientos y cientos.

No se requiere mucha imaginación para saber que la mayoría son troles. En la mitología escandinava, un trol es un monstruo maligno que habita en bosques o grutas. En el internet y las redes sociales, una persona, o una cuenta, que publica comentarios agresivos, difamatorios o engañosos ocultando su identidad.

¿Por qué se ha puesto de moda mi columna entre los troles? Lo más probable es que alguien se esté preparando para lanzar campañas, quizá ofensivas o cuando menos abrumadoras, durante la campaña de 2018. Mi cuenta no debe ser la única en registrar este fenómeno. Otros periodistas e intelectuales públicos deben estar registrando también crecimientos importantes en el número de sus seguidores en Twitter o sus amigos de Facebook. El propósito será persuadirlos o presionarlos en la campaña.

Barack Obama fue el primer candidato que utilizó el internet y las redes sociales para propósitos políticos. En su campaña de 2012, reunió 504 millones de dólares a través de medios digitales (Domonique James, “How Social Media Is Changing Political Campaigns”, Global Risk Insights, 11.3.16). Donald Trump rebasó por mucho a Obama y en 2016, utilizó Twitter como un instrumento, no para reunir un dinero que no necesitaba, sino para mandar mensajes directos al electorado sin pasar por unos medios que le eran hostiles.

Todos los políticos y aspirantes a cargos de elección popular saben hoy que el internet y las redes sociales son cruciales, aunque no todos saben manejarlos. Los funcionarios suelen utilizar las redes para lanzar mensajes oficialistas que se interpretan como simple propaganda y a los que nadie presta atención. Trump ha entendido el poder de este medio y lo emplea para definir la agenda política con mensajes que, entre más escandalosos, son más eficaces para motivar a sus seguidores y enfurecer a sus detractores.

México no ha tenido hasta ahora una verdadera campaña electoral presidencial en redes sociales. En 2012 éstas eran incipientes y alcanzaban a un público pequeño. Enrique Peña Nieto fue un candidato de televisión. Quizá por eso los legisladores regularon severamente el uso electoral de la radio y la televisión en 2007 y 2014, pero no se metieron con el internet y las redes sociales.

Los tiempos, sin embargo, están cambiando. El atípico crecimiento de los troles me dice que alguien se está preparando para llevar la lucha electoral a las redes sociales en 2018. El que la expansión sea de troles y no de ciudadanos identificables sugiere que la intención no es buena. Es muy probable que las campañas sucias se concentren en las redes sociales el año que viene.

 

Abusos y mentiras

Exactamente dentro de un año, un nuevo presidente de la república estará tomando protesta ante el Congreso. El camino estará lleno de abusos, mentiras y sorpresas.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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