FERNANDO QUIJAS
FERNANDO QUIJAS

La cerveza Victoria destapada, la cajetilla de Lucky Strike por si llegaba el antojo y el control de la TV en un lugar en el que no se me pudiera perder, no esta vez. Ya tenía todo listo para perder una noche más viendo Netflix, hasta que un pensamiento llegó a mi mente: “¡Chinga’o! Qué falta me hace una novia”.

La idea se me atravesó en el momento en el que elegí “Straight Outta Compton”, la biopic que narra el origen, ascenso y descenso de NWA, los creadores del Gangsta Rap.

Quise ver esa película desde el 2015 que se estrenó y hasta ahora que había llegado mi oportunidad, quería compartir ese momento con alguien. Deseaba tener eso que llaman “Netflix and chill” del que tanto hablan.

Debe ser una gran experiencia compartir esos momentos tan íntimos con tu pareja, pensaba mientras veía a Eazy E practicar su primera línea “Cruisin’ down the street in my ’64”.

Pero caí en la idea de que soy parte de una generación en la que sus solteros, irónicamente, están más cómodos en Netflix viendo las aventuras de Kate del Castillo o Stranger Things, con todo y su niño chimuelo, que saliendo a buscar el amor de alguien.

Quizás somos una generación egoísta que prefiere consentir a su soledad o apegarse a las relaciones virtuales que te da la tecnología, que buscarse alguien con quien puedas ver a Ice Cube desafiar a los cuerpos policiales de Detroit con el clásico Fuk Da Police.

El final llegó y nuestro amigo Eazy E fallece (Sí. Así acaba. Muere por VIH, todo mundo lo sabe) mientras yo no dejaba de pensar “¡Carajo! Qué buena película”.

Quizás con una novia no la hubiera podido apreciar completamente por estar ocupados haciendo otras cosas. Aunque pensándolo bien, eso suena muchísimo más divertido. “Carajo. Soy un idiota”.


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