FLORENCIA SÁNCHEZ | NTR
FLORENCIA SÁNCHEZ | NTR
MOMAX

MOMAX. Con la promesa de cobrar 35 mil pesos por mes y medio de trabajo en el corte de uva, un grupo de ocho personas partió de la cabecera municipal con rumbo a Sonora para trabajar en la empresa Molina.

Además, les serían depositados alrededor de 2 mil 200 pesos en una tarjeta de débito por el simple hecho de aceptar el trabajo.

Así se los hizo saber Juana Garza, representante de la compañía, quien instaló un módulo en la presidencia municipal de Momax bajo el auspicio de Gerardo Paniagua Castañeda, coordinador de Movilidad Laboral de la Subsecretaría del Servicio Nacional del Empleo (SSNE).

Los quejosos afirmaron que desde la dependencia les habían prometido buenas condiciones de trabajo y que los alimentos les serían descontados de sus cheques de pago, lo que también resultó una mentira.

Esto porque la instancia no constató el cumplimiento de la oferta laboral presentada por la empresa Molina, es decir, que quienes fueron contratados llegaron a Sonora sin ningún tipo de respaldo oficial.

Todos los días –relataron– hay personas que, ante los malos tratos que reciben de los patrones, huyen del lugar adentrándose en la sierra, con la única esperanza de regresar sanos y salvos a sus hogares.

La oferta de trabajo se publicitó en una cartulina que fue pegada en las puertas de la presidencia municipal de Momax.

De acuerdo con los afectados, el letrero sólo decía: “Hay trabajo en Sonora”, mientras que la información les era proporcionada en el módulo de la SSNE.

Ahí se les dijo que trabajarían durante mes y medio; antes de partir se les entregaría una tarjeta de débito en la cual recibirían mil 600 pesos, además de otro depósito de 600 pesos una vez que llegaran a Sonora.

En suma contarían, antes de comenzar a trabajar formalmente, con 2 mil 200 pesos; sin embargo, los depósitos nunca se realizaron.

“Luego nos dijeron que esas tarjetas sólo son para enganchar a la gente”, reprocharon en referencia a Juana Garza, quien recibe un pago de 200 por cada persona reclutada.

Esta mujer prometía también un pago de 35 mil pesos a quienes fueran a trabajar, “pero todo esto fueron mentiras, porque este dinero nunca iba a llegar y cuando mucho serían 3 mil pesos”, afirmó Daniel Martínez Villegas.

La información de la oferta laboral estaba en manos de Paniagua Castañeda, quien de acuerdo con los quejosos, no revisó que la empresa Molina cumpliera con lo prometido.

Guillermina Montes Viramontes, otra de las afectadas, aseveró que en varias ocasiones fue hostigada por sus supervisores; “sólo tres días después nos obligaban a pagarles la comida; nos decían que si no pagábamos, nos íbamos a ir a bote”.

Esto la obligó a entregar un par de aretes de oro y un teléfono celular como pago por un plato de frijoles licuados con soya, sopa de pasta o papas, que les servían dos veces por día.

Además, los trabajadores tenían que comprar agua para beber, pues el costo de los alimentos no la incluía, de tal forma que, cuando se quedaban sin dinero, se veían obligados a tomarla directamente de la llave.

Otra promesa rota fue cuando los zacatecanos descubrieron que hombres y mujeres ocupaban las mismas barracas para dormir.

“Nos habían dicho que seríamos instalados 40 hombres en un dormitorio y en otro, el mismo número de mujeres, pero al llegar nos pusieron a todos revueltos”, mencionó Liliana Selene Cruz Viramontes.

En los dormitorios también se consumían bebidas embriagantes y drogas, aun cuando al momento de la contratación la empresa advirtió que quien fuese descubierto con este tipo de sustancias, sería despedido de inmediato.

 

La jornada

La situación, de acuerdo con los entrevistados, era peor durante la jornada de trabajo.

“Nos obligaban a llenar y llenar cajas (con uvas), incluso cuando estábamos por terminar la jornada y no se veía bien, nos decían que teníamos que seguir llenado cajas”, expuso Irma Bugarín.

En ese momento, cuando la luz menguaba, resultaba difícil para los cosechadores cumplir con el control requerido; es decir, colocaban en cajas frutos que no estaban lo suficientemente maduros para su comercialización, motivo por el cual los supervisores los insultaban y amenazaban.

En cada caja debían depositar un promedio de 12 bolsas de un kilo, para recibir un pago de 12 pesos; sin embargo, dadas las condiciones en que trabajaban, no era posible llenar más de 25 cajas al día.

Con este volumen de producción, el pago que tendrían que recibir era de 300 pesos, lo cuales tampoco obtuvieron.

Ello obligó a este grupo de personas a pedir dinero a sus familiares en Momax y Tlaltenango para poder regresar, quienes a su vez tuvieron que pedir prestado o empeñar sus bienes para reunir, en total, 14 mil pesos.

Ahora los afectados buscan el apoyo de las autoridades municipales para cubrir estas deudas.

También exigen que el presidente municipal de Momax y la Subsecretaría del Servicio Nacional del Empleo dejen de mandar gente a Sonora en busca del empleo que no pueden conseguir en su municipio de origen.


Nuestros lectores comentan

  1. Todo este es culpa de el gobierno del pueblo que no es lo suficientemente eficaz de generar empleos y hace sufrir a las familias, alga tendrán que hacer.
    Saludos y suerte espero que les vaya bien